Finca Caprinamá: una finca de cabras, comunidad y propósito en las montañas de Capira

Foto del equipo en establo Finca Caprinama

De izquierda a derecha: John Ocampo (dueño de la finca), Felix Martinez alias Junito (Hijo) y Felix Martinez alias Ligio (Padre).

 
 

A menos de dos horas de la Ciudad de Panamá, Finca Caprinamá ha construido algo más que una producción de leche de cabra. Durante mi visita conocí un proyecto donde la salud, la comunidad y el deseo de enseñar han dado forma a una de las fincas agroturísticas más particulares del país.

Tiempo de lectura: 8 minutos


Desde que contacté a John a través de la cuenta de Instagram de la finca, fue muy amable en recibirme. Coordinamos la visita y, algunos días después, emprendí el camino hacia La Bonga Centro.

A menos de dos horas de la Ciudad de Panamá, en el corregimiento de Cirí Grande, distrito de Capira, la carretera va dejando atrás el ritmo habitual de la ciudad. Entrando por El Espino, el recorrido toma unos cuarenta minutos hasta la finca.

A medida que uno avanza, el paisaje cambia. Aparecen pequeños valles, lomas cubiertas de pasto, árboles dispersos y enormes palmeras que sobresalen en el horizonte. A lo lejos se observa el Cerro Trinidad, mientras gallinas, perros, gatos y personas forman parte de la vida cotidiana de las comunidades que se encuentran en el camino.

Llegar es sencillo. Incluso un automóvil sedán puede hacerlo sin mayores complicaciones. Solo hay huecos, pero esto no es novedad.

Al llegar me recibió Jesús, hijo de John y educador de profesión. Desde los primeros minutos fue evidente su entusiasmo por compartir la historia de la finca y explicar el proyecto que han construido.

La visita inicia en el punto de venta, donde se comercializan los productos elaborados en la finca: leche de cabra, yogures, kéfir, quesos y otros derivados. Luego pasamos a un rancho donde los visitantes conocen la historia del proyecto antes de recorrer algunas de las instalaciones.

Poco después apareció John.

—Venga para que conozcamos allá— me dijo mientras me invitaba a subir a su vehículo.

Y así comenzó una conversación que terminaría explicando mucho más que una finca de cabras.

Finca Caprinama Rancho de Visitas
Foto de cabras en Finca Caprinama

Una finca que empezó como lugar de descanso

John lleva más de veinticinco años viviendo en Panamá. Nació en Colombia, trabajó durante años como navegante y es ingeniero de sistemas de profesión. La finca llegó antes que el negocio.

Hace aproximadamente dieciocho años adquirió la propiedad como un lugar de descanso para su familia. En aquel entonces tenía cabras, vacas, cerdos, tilapias, gallinas y otros animales. No existía un plan comercial detrás.

Durante una etapa de problemas de salud, comenzó a investigar alternativas relacionadas con probióticos y alimentos fermentados. En esa búsqueda apareció una constante: la leche de cabra y sus derivados.

Al revisar el mercado local descubrió algo que llamó su atención. Existía demanda, pero gran parte de los productos caprinos eran importados. Tenía la finca. Tenía las cabras. Tenía el terreno. Lo que no tenía era experiencia.

—”Yo no sabía ordeñar, no sabía de nutrición, no sabía de pastos, no sabía de nada”— me comentó.

Entonces hizo algo que repetiría varias veces durante nuestra conversación.

Empezó.

Aprendió de forma autodidacta, visitó fincas en Colombia y Estados Unidos, investigó y fue construyendo el proyecto paso a paso. Entre risas me dijo que tuvo dos socios fundamentales durante ese proceso:

”El tío Google y el ingeniero YouTube”.

Una filosofía clara para tomar decisiones

Durante la visita hubo una idea que apareció varias veces. La salud.

John explica que muchas de las decisiones que toman en la finca parten de una filosofía sencilla: ofrecer productos limpios, con la menor cantidad posible de ingredientes innecesarios.

Por esa razón no utilizan preservantes ni conservantes en sus productos y han decidido no vender en supermercados. A primera vista podría parecer una decisión extraña para una empresa que quiere crecer. Sin embargo, al escuchar sus razones, se entiende mejor.

Las condiciones comerciales de las grandes cadenas implican intermediarios, tiempos largos de pago, costos adicionales y requisitos que terminarían obligándolos a modificar aspectos importantes de su producción. Para él, eso significaría alejarse de los valores que dieron origen al proyecto.

Más allá de si uno comparte o no esa visión, resulta interesante observar cómo la existencia de principios claros facilita la toma de decisiones.

Cuando el rumbo está definido, muchas preguntas encuentran respuesta más rápido.

Foto de Familia que trabajan Finca Caprinama

Izquierda a derecha: Jesus Ocampo (Hijo), Alexis (Nieto) y John Ocampo (Abuelo) conversando con una familia que visitaba la finca.

La comunidad como parte del proyecto

Si hubo algo que me sorprendió durante la conversación fue escuchar que, para John, el activo más importante de la finca no son las cabras: es la gente.

Actualmente trabajan con un pequeño equipo base de colaboradores de la zona. Cuando reciben grupos grandes o desarrollan eventos especiales, recurren a más personas de la comunidad para apoyar en la logística, atención y organización.

Su visión es que un proyecto rural debe generar beneficios para quienes viven alrededor. En distintos momentos de la conversación insistió en una idea similar.

“No tiene sentido llegar a una comunidad únicamente para extraer valor. Hay que devolver algo.”

Esa forma de pensar lo llevó años atrás a organizar Agrofest, una iniciativa que reunía productores, artesanos y emprendedores de la zona para que pudieran ofrecer sus productos a los visitantes de Finca Caprinamá. Aunque el formato evolucionó con el tiempo, la intención sigue presente.

Actualmente la finca forma parte de la Eco Fincas Turísticas Capireñas de la Cuenca del Canal (OBC), una organización que reúne proyectos de la región con el objetivo de fortalecer el turismo y la actividad económica local.

Foto de Ligio Alimentando a las Cabras

Cuando los visitantes empezaron a preguntar por las cabras

Curiosamente, el componente turístico tampoco estaba en los planes iniciales. John comenzó vendiendo leche. Después llegaron los yogures. Luego los quesos.

Y entonces apareció una pregunta recurrente de los clientes:

—¿Y no podemos ir a ver las cabritas?

La pregunta empezó a repetirse tanto que terminó convirtiéndose en una oportunidad. Poco a poco fueron adecuando espacios para recibir visitantes y compartir lo que hacían.

Con la aprobación de la Ley 240 de Agroturismo, impulsada conjuntamente por la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), decidieron formalizar el proceso.

En 2022 obtuvieron la certificación oficial como Finca Agroturística, convirtiéndose en la primera finca caprina certificada bajo este programa en Panamá.

Hoy la experiencia incluye recorridos, degustaciones y actividades educativas orientadas a acercar a las personas a los procesos productivos del campo.

Enseñar porque nadie le enseñó

Quizás una de las partes que más me llamó la atención fue escuchar cómo nacieron los talleres que realizan en la finca.

La respuesta fue sencilla: Porque nadie le enseñó.

Aprender tomó tiempo, viajes, errores y muchas horas de búsqueda.

Por eso hoy ofrecen talleres relacionados con producción caprina, elaboración de lácteos y otras actividades vinculadas al sector agropecuario. No buscan únicamente vender productos. También buscan compartir conocimiento.

Algo que, en cierta forma, parece cerrar el círculo de aquel proceso de aprendizaje autodidacta que inició hace años.

Lo que me llevé de la visita

Al terminar la conversación y recorrer las instalaciones, me quedé pensando en varias cosas.

La primera es la importancia de tener valores claros dentro de un proyecto. No porque garanticen el éxito, sino porque ayudan a tomar decisiones cuando aparecen caminos diferentes.

La segunda es el poder de la comunidad. Muchas veces pensamos en los proyectos como esfuerzos individuales, pero gran parte de lo que se construye en lugares como este existe gracias a redes de personas que colaboran entre sí.

Y la tercera es algo que he visto repetirse en distintos oficios y personas que he conocido: Avanzar antes de sentirse completamente listo.

John no era experto en producción caprina cuando empezó. Tampoco venía de una formación agropecuaria. Sin embargo, decidió comenzar y aprender en el camino.

Hoy, junto a su familia y comunidad, ha construido una finca reconocida por sus productos, su propuesta educativa y su enfoque agroturístico.

Foto de Cabra Comiendo Pasto

Datos clave para visitar Finca Caprinamá

  • Ubicación: La Bonga Centro, corregimiento de Cirí Grande, distrito de Capira, Panamá Oeste. Menos de dos horas desde la Ciudad de Panamá.

  • Qué puedes hacer: Visitas guiadas, degustación de productos de leche de cabra, recorridos por la finca y experiencias relacionadas con elaboración de lácteos y productos artesanales.

  • Costo: Los planes publicados inician desde $.6 hasta $.35 por persona y varían según la experiencia seleccionada.

Información adicional:

Finca Caprinama Cabra Bebe
Foto de Junito Finca Caprinama
Foto de Ligio Finca Caprinama
Finca Caprinama Bebe Cabra
Finca Caprinama Cabra Viendo a Cámara
Vistas Finca Caprinama Vacas Vecinas


 
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