Corpus Christi en Parita: una tradición que sigue viva entre generaciones

Niño caminando en preparación a la misa
 
 

Mientras muchos conocen el Corpus Christi por sus diablos y coloridas danzas, mi visita a Parita me permitió descubrir algo distinto: una comunidad que sigue transmitiendo su historia de generación en generación. Más allá de las máscaras, encontré profesores, familias, niños y adultos que mantienen viva una tradición donde la fe, la cultura y la identidad continúan caminando juntas.

Tiempo de lectura: 10-12 minutos


Llegar antes de que todo empiece

Todavía faltaba más de dos horas para que comenzara la misa y la plaza ya empezaba a llenarse de gente. Habían profesores acomodando los últimos detalles de las alfombras, niños corriendo entre los dibujos de aserrín teñido, familias completas preparando sus vestuarios y pequeños diablitos esperando pacientemente el momento de entrar a la iglesia.

Mientras caminaba alrededor del parque principal de Parita, tuve la sensación de que todos sabían exactamente cuál era su lugar dentro de aquella mañana. Algunos construían las alfombras, otros organizaban las danzas y muchos simplemente conversaban mientras esperaban el inicio de la celebración.

Al llegar temprano en las calles de Parita

¿Por qué Parita?

Cada año, el Corpus Christi reúne a miles de personas en distintos países para celebrar una de las festividades más importantes de la Iglesia Católica: la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Su origen se remonta al siglo XIII en Europa y, con la llegada de los españoles a América, la celebración comenzó a adoptar características propias de cada región.

En Panamá ocurre algo similar. Aunque la festividad se celebra en distintos pueblos del país, cada comunidad ha conservado expresiones que responden a su propia historia.

Esa fue precisamente la razón por la que decidí visitar Parita. No buscaba comparar una celebración con otra. Me interesaba entender qué hace diferente a cada comunidad y cómo esas diferencias siguen vivas con el paso del tiempo.

Antes de la misa

Mientras esperaba el inicio de la celebración observaba con curiosidad a las niñas vestidas de diablicos, a los jóvenes repasando sus últimos movimientos y a los adultos conversando con absoluta naturalidad sobre algo que, para ellos, forma parte de la vida desde hace generaciones.

También había escuelas completas recorriendo los alrededores de la iglesia. Los niños observaban las alfombras, hacían preguntas y esperaban con emoción el inicio de la misa.

Pensaba en lo difícil que resulta hoy mantener la atención de niños y adolescentes frente a tantas distracciones. Sin embargo, allí estaban. Como parte de la tradición.

Niñas esperando su participación en la misa

La historia entra a la iglesia

La celebración comenzó y, poco a poco, fueron apareciendo las distintas representaciones que caracterizan el Corpus Christi de Parita.

Cada una tiene un origen distinto, pero juntas construyen un relato donde conviven la fe católica, las influencias españolas, indígenas y africanas que dieron forma a la identidad cultural del pueblo.

La Danza Montezuma Pariteña recuerda un episodio de la conquista española en México y constituye una de las representaciones teatrales más antiguas que todavía se conservan en el país.

Después apareció el Diablico Limpio Pariteño, una representación única cuya presencia simboliza la lucha entre el bien y el mal. A diferencia de otras regiones, en Parita esta danza mantiene características propias tanto en sus máscaras como en su desarrollo dentro de la celebración.

Más adelante hicieron su entrada los Diablicos Sucios, tanto con burrión como sin burrión.

Cada uno conserva elementos que solo existen en Parita. Los colores de sus vestuarios, las máscaras inspiradas en animales de la región y las distintas formas de interpretar la danza recuerdan cómo las tradiciones evolucionan sin perder su esencia.

También apareció el Cumbembé, una representación que mantiene viva la memoria de la población afrodescendiente y recuerda el sometimiento que vivieron quienes fueron traídos como esclavos durante la época colonial.

El Torito Guapo Pariteño rinde homenaje al hombre ganadero y a la vida rural que caracteriza históricamente a la región.

Finalmente, El Venao representa la relación entre el ser humano y la fauna que durante siglos formó parte de la vida cotidiana de estas tierras.

Representación Montezuma en la Misa

Más allá de las máscaras

Mientras todo esto ocurría, comprendía que el verdadero valor de aquella mañana no estaba únicamente en las danzas. Estaba en las personas que dedican horas a construir una alfombra que desaparecerá al terminar la procesión.

En los profesores que enseñan la historia de cada representación. En los padres que preparan a sus hijos para ponerse una máscara por primera vez. En los jóvenes que continúan aprendiendo los bailes que heredaron de sus abuelos.

Una tradición que sigue caminando

Al terminar la misa acompañé la procesión por las calles del pueblo.

Las distintas representaciones avanzaban junto al Santísimo Sacramento mientras se realizaban pequeñas estaciones de oración. Ya no estaba fotografiando únicamente un evento religioso.

Sentía que observaba cómo una comunidad decide mantener viva una parte importante de su identidad.

Danza en la procesión al finalizar

Lo que me llevé de Parita

Cuando dejé Parita esa tarde no me fui pensando solamente en las máscaras, los colores o las fotografías.

Me fui admirando la tranquilidad con la que un pueblo entero sigue encontrando tiempo para reunirse alrededor de aquello que considera importante.

En una época donde muchas tradiciones parecen perder espacio, aquí todavía hay niños que esperan con ilusión participar, profesores que dedican horas a enseñar su historia y familias que continúan transmitiendo aquello que heredaron.

Quizá esa fue la imagen más valiosa que me llevé de Parita. No la de los diablos. Sino la de las personas que, generación tras generación, siguen dándoles vida.



 
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