El día que algo cambió

 
 

Un mensaje inesperado

Casi al mediodía recibí un mensaje de mi mamá. Era una foto de un afiche en una puerta. No decía nada más.

Lo vi, pensé un rato —como siempre— y dije: “ah, ¿por qué no?”.

En uno de sus mandados rutinarios, mi mamá había pasado por una sucursal del Banco Nacional. En la foto aparecía el afiche del Concurso de Arte Banconal 2025. Era agosto y quedaban pocos días para el cierre, así que decidí enviar una de mis fotos.

En ese momento estaba recuperándome de una cirugía menor. Tenía tiempo, estaba en cama y había retomado recientemente el hábito de fotografiar paisajes, a partir de la serie Testigo de Vida. Así que decidí participar en mi primer concurso, enviando imágenes a varias categorías.

Lo hice sin expectativa. Envié los archivos y, con el paso de los días, casi me olvidé del tema.

Una invitación que no decía todo

La mañana de “noche de brujas” —suena raro, pero tiene su ironía— recibí un correo del área de Cultura del Banco Nacional invitándome a la ceremonia de premiación.

Sorprendido, más que emocionado, lo leí varias veces para asegurarme de que era real. Confirmé mi asistencia y esperé. Otra vez, sin expectativa.

El correo no dejaba claro si había ganado algo, pero asumí que, si me estaban invitando, algo había pasado. Se lo conté a mi esposa y esperamos el día.

Caminar hacia la galería

Ese día decidí ir caminando. Nuestra ciudad es pequeña y, aunque no siempre está pensada para el peatón, lo más difícil de caminar en Panamá suele ser el clima. Aun así, salí preparado, haciendo paradas estratégicas para tomar aire acondicionado en el camino.

Al llegar a la Galería de Arte Banconal, en Vía España, me pidieron mi nombre y firmé la lista de asistencia. Llegué solo; Gianna venía en camino.

Justo después de firmar, levanté la mirada y vi mi obra, Follaje Lunar, impresa en gran formato.

En ese momento, los ojos se me aguaron.

Frente a Follaje Lunar

Entré. Recorrí la sala. Había fotografía, escultura, poesía, video y pintura. Al final volví a mi imagen. Me quedé frente a ella y pensé: “es la única de paisaje… ¿será que gané algo?”.

Cuando llegó mi esposa, salí a recibirla. La abracé fuerte y, con lágrimas, le dije: “quizá gané algo”.

Fue un momento muy especial para los dos.

Nos sentamos y empezó la ceremonia. Al llegar a la categoría de paisaje, apareció en pantalla una diapositiva con mi nombre y la foto. Nos miramos, nos abrazamos y nos reímos.

En ese momento anunciaron que el premio incluía, además, una cámara cortesía de Canon Panamá.

Una señal en medio de la incertidumbre

La emoción era difícil de contener. En un momento de incertidumbre personal, aquello apareció como una señal. Y además, llegó acompañado de una nueva herramienta para seguir creando.

Ese día marcó un cambio en cómo empecé a ver las cosas. No solo afuera, sino también adentro. En cómo hablarme, en cómo confiar y en cómo entender los procesos.

También despertó una curiosidad creativa que sigue creciendo y que, poco a poco, iré compartiendo.

La vida, Dios, la suerte —llámalo como quieras—. Pero si algo puedo decir es que vale la pena estar abierto.

Escuchar más. Sentir más. Volver a mirar.

La foto principal de los ganadores fue tomada de Destino Panamá.


 
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