Finca Palma Bellota: una historia de familia, artesanía y tradición en el norte de Coclé

Familia Soto
 

En las montañas del norte de Coclé, una familia ha encontrado en la palma de la bellota mucho más que la materia prima para sus artesanías. Su historia habla de igualdad, trabajo compartido y de cómo las tradiciones pueden convertirse en una forma de educar a las nuevas generaciones. Durante mi visita entendí que el mayor valor de Finca Palma Bellota no nace de la tierra, sino de las personas que la han cuidado durante décadas.

Tiempo de lectura: 9-10 minutos


“Cuando mi papá regresaba del Valle, siempre traía una flauta de pan. La partía en partes iguales para todos.”

Así comenzó una de las primeras conversaciones que tuve al llegar a Finca Palma Bellota.

Aquel recuerdo, aparentemente sencillo, terminó siendo la mejor forma de entender el proyecto que la familia Soto ha construido durante generaciones. No hablaba únicamente de un pan, sino de igualdad, de compartir y de una manera de entender la vida que todavía hoy se respira en cada rincón de la finca.

Desde hace un tiempo he querido acercarme a personas que trabajan con las manos y que han construido proyectos alrededor de un oficio, una tradición o una forma particular de relacionarse con su territorio. Así nacieron mis Proyectos Misceláneos, una serie de visitas documentales con las que busco conocer las historias que existen detrás de agricultores, artesanos, familias y comunidades para compartirlas con quienes disfrutan entender cómo se construyen estos proyectos.

Esta vez el camino me llevó hasta la comunidad de Sofre, El Águila, en el norte de Coclé.

Carlos Soto soteniendo palmas bellota

Carlos Soto, compartiendo sus conocimientos e historias sobre la Bellota.

Una bienvenida que mantiene vivo un recuerdo

La familia me recibió con una taza de café preparado con granos de la propia finca y un bollo de maíz. Mientras conversábamos me explicaron que don Félix Soto, fundador de la finca, siempre recibía así a cualquiera que llegara a su casa. Hoy él ya no está, pero decidieron mantener esa costumbre como una forma de que siga presente cada vez que alguien cruza el portón.

Ese pequeño gesto terminó marcando el resto de la visita. Antes de empezar el recorrido ya había comenzado a entender que Finca Palma Bellota no gira únicamente alrededor de una planta o de la artesanía, sino de las personas que durante décadas han encontrado en ellas una forma de vivir.

Café y bollo de bienvenida tradición

“Nuestro abuelo recibía a las visitas siempre con una taza de café. Y así lo seguimos haciendo”.

Una planta que sostuvo a una familia

Finca Palma Bellota existe desde hace más de sesenta años. Sus fundadores fueron Félix Soto y Mariángela Magallón, quienes encontraron en la palma bellota una manera de sostener a su familia y criar a sus ocho hijos.

Don Félix aprendió el oficio de la artesanía cuando apenas tenía catorce años. Poco después comenzó a caminar hasta el Valle de Antón para vender las piezas que elaboraba. En aquel entonces el recorrido tomaba más de tres horas por caminos de montaña. Hoy ese mismo trayecto puede hacerse en unos quince o veinte minutos en automóvil. Pensar en esa diferencia ayuda a dimensionar el esfuerzo que significaba salir a vender una artesanía y regresar caminando hasta la comunidad.

Con el tiempo no solo llevaba sus propios trabajos. También transportaba artesanías elaboradas por otros vecinos para ayudarles a venderlas en el Valle. Cuando regresaba, entregaba a cada uno el dinero correspondiente. Era una forma sencilla de crecer junto a la comunidad y de entender que el progreso tenía más sentido cuando alcanzaba también a los demás.

Manos sosteniendo cogollo de la bellota

Manos seleccionando el cogollo de la bellota. Para separar y prepar la hoja.

El valor de compartir

Durante la conversación apareció Carlos Soto, uno de los hijos de don Félix y hoy uno de los encargados de mantener vivo el proyecto. Fue él quien retomó aquella historia de la flauta de pan.

Su padre regresaba del Valle con una sola flauta y la dividía en partes iguales entre todos los hermanos. Si alcanzaba para uno, alcanzaba para todos.

Mientras me lo contaba, entendí que aquella enseñanza nunca tuvo que ver con el pan. Tenía que ver con la igualdad. Con aprender desde pequeños que compartir no dependía de cuánto se tuviera, sino de la decisión de hacerlo.

Quizá por eso, mientras recorría la finca, era evidente que el proyecto no pertenecía a una sola persona. Cada integrante de la familia había encontrado una manera distinta de aportar para que siguiera creciendo, respetando el legado de quienes comenzaron mucho antes.

De vender artesanías a compartir conocimiento

Con los años la familia decidió darle una nueva dirección a la finca. En lugar de esperar que las personas encontraran sus artesanías en otros lugares, comenzaron a invitarlas a conocer el sitio donde nacía toda esa historia.

Así nació Finca Palma Bellota como un proyecto de turismo rural y educación.

Hoy la experiencia incluye una caminata guiada por la finca, un taller básico de artesanía, un taller de tintes naturales, café artesanal y conversaciones alrededor de la historia de la palma bellota y de las comunidades que todavía viven de ella. El objetivo no es únicamente enseñar una técnica, sino ayudar a comprender el trabajo, el tiempo y el conocimiento que existen detrás de cada pieza artesanal.

Diversas Plantas para uso de artesanías

Diversas plantas utilizadas para la elaboración de las artesanías.

Una planta que conecta generaciones

Durante el recorrido, Carlos comenzó a mostrarme la palma bellota. Su nombre científico es Carludovica palmata, aunque dependiendo de la región recibe distintos nombres como bellota, toquilla, quimú o sucanca.

Cada parte de la planta tiene un propósito. El cogollo se utiliza para obtener la fibra; las capas exteriores sirven para otras artesanías; las hojas también encuentran utilidad. Nada se desperdicia.

Mientras me explicaba el proceso fue dividiendo cuidadosamente cada fibra y contándome cómo todavía respetan los ciclos de la luna para el corte del cogollo, una práctica transmitida entre generaciones. Más que una explicación técnica, sentí que estaba viendo cómo un conocimiento continúa vivo porque todavía hay personas dispuestas a enseñarlo.

Palma bellota. Su nombre científico es Carludovica palmata, aunque dependiendo de la región recibe distintos nombres como bellota, toquilla, quimú o sucanca.

Un sendero pequeño, una historia grande

El sendero recorre prácticamente toda la finca y puede completarse en menos de media hora. Sin embargo, rápidamente entendí que el valor del recorrido no estaba en la distancia, sino en las historias que iban apareciendo entre las plantas, los árboles y las conversaciones.

Durante la caminata es posible conocer distintas especies de palma, aprender sobre los tintes naturales utilizados en la artesanía y comprender cómo este pequeño terreno ha sostenido a una familia durante generaciones. Al llegar al punto más alto se abre una vista hacia varios cerros del norte de Coclé y de la región de Antón. Para quienes desean seguir explorando, la familia también coordina caminatas hacia algunas de estas montañas junto con guías de la comunidad.

Fue precisamente allí donde ocurrió uno de los momentos que más recordaré de la visita. Carlos hizo una pausa y comenzó a recitar unos versos de la poetisa coclesana Martina Andrión, dedicados a Sofre.

“Naciste cual Olimpo

en faldas de Turega,

en céfiros arrullos

y lunas de ilusión…” (Ver el poema completo aquí/Panamá Poesía).

Mientras escuchaba aquellos versos entendí que no eran una parte más del recorrido. Eran una forma de compartir el cariño que sienten por esta tierra y por las personas que la han construido generación tras generación.

Vista a Cerro Turega

Vista desde la parte superior del sendero dentro de la finca - Cerro Turega

Vista con diversos cerros desde encima de la finca

Vista a diversos cerros: Yerba Buena, Cucusal, Luisa, Atre, Tagua, Piña, Llorón y Chichibali.

Un pequeño ojo de agua

Más tarde conocí a Tía María. Caminamos juntos hasta un pequeño ojo de agua muy cerca de la finca. Me contó que cuando era niña aquel lugar era un gran charco donde la comunidad se bañaba, lavaba la ropa y compartía buena parte de sus días.

Hoy ese mismo sitio abastece de agua a varias comunidades de la zona.

Con una sonrisa me dijo:

Extrañamos el charco… pero al menos tenemos agua.

Fue una frase sencilla que resumía muy bien cómo cambian los lugares sin perder del todo su historia.

Carlos tomando agua del ojo de agua

Ojo de agua que beneficia a más de cinco comunidades.

Lo que esta visita me dejó

Mientras regresaba pensaba que muchas veces hablamos de preservar una planta, una artesanía o una tradición. Pero quizá lo más difícil de conservar no es ninguna de ellas, sino la voluntad de seguir compartiéndolas con quienes vienen detrás.

En Finca Palma Bellota sentí que ese era el verdadero trabajo de la familia Soto. Cuidar la palma es importante, pero enseñar por qué vale la pena cuidarla es lo que realmente permite que ese conocimiento siga vivo. Al final, comprendí que las tradiciones no sobreviven únicamente porque alguien las conserve, sino porque siempre hay alguien dispuesto a compartirlas.

Famila Soto en el Rancho

Información para tu visita

Ubicación: Sofre, distrito de La Pintada, provincia de Coclé. (Google Map)

¿Qué puedes hacer?

  • Recorrido guiado por la finca.

  • Sendero interpretativo.

  • Taller básico de artesanía.

  • Taller de tintes naturales.

  • Café artesanal/Comidas.

  • Caminatas hacia cerros cercanos

  • Hospedaje en Cabaña Turrututu (Link Airbnb).

Importante: Las visitas se realizan únicamente con reserva previa, lo que permite a la familia preparar la experiencia y acompañar a cada grupo de forma personalizada.

Instagram: @fincapalmabellota



 
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